Sientete como quieras yo prefiero ser feliz, aunque a veces sea difícil... Sonríe por las cosas buenas que te pasan y guardalas como un agradable recuerdo. ¡Eso no te lo puede robar nadie!
viernes, 3 de junio de 2011
Adrenalina
Si decidía darme por vencida caería. Nunca más podría volver a ver las caras amigas o la luz de la mañana.
Continué a pesar del dolor que sentía. No pude averiguar en ese momento si era físico o mental, o un simple recuerdo del daño que ya estaba hecho.
Moví la pierna derecha hacia arriba realizando un gran esfuerzo. Y conseguí ascender el muro realizando una acción tras otra.
Alcancé la llanura desde la que se divisaba todo el camino realizado durante años. Cada vez un poco más alta era la meta.
El trabajo y el dolor habían merecido la pena para llegar donde hoy me encuentro.
Es difícil no hacerse daño, arañarse o fracturarse huesos por elegir los caminos menos convenientes. Pero si no los hubiese descubierto, tal vez no sería la que soy hoy. Las heridas no curan todas a la misma velocidad, incluso hay algunas que siempre asoman su sombra en momentos inesperados. Son nuestros miedos a caernos, ese temor a no poder volver a escalar. La congoja potenciada por unos compañeros descuidados y traicioneros, que tiempo atrás no supieron apreciar la sincera compañía. Y que ahora solo son recuerdos, manchas borrosas que a veces se aparecen con asombrosa claridad y presteza.
Pero ésta no es la etapa final, quiero ascender por ésta vertiginosa montaña escarpada. Sola o acompañada de los que quieran hacer conmigo el camino hacia la inalcanzable cima.
Glo.
domingo, 22 de mayo de 2011
Alas
El brillo del sol en un intenso día primaveral, hace que los ojos se achinen intentando enfocar el camino por el que ando. Un incierto caminar hacia un futuro sin escribir, un pasado que nos persigue y un presente que rehuye.
Veo como una mariposa se detiene delicadamente sobre los pétalos de una rosa. Un color anaranjado en completa armonía con el rojo aterciopelado. Eleva sus alas de nuevo, emprende un suave vuelo, dejándose llevar por las corrientes de viento, guiada por su destino. Ahora soy ella. Las verdes hojas arbóreas mecidas por la brisa acarician mis alas en un suave contoneo. Entra en mí la dura realidad, solo quedan unas doce horas de vida, una cantidad finita de minutos en los que
completar la experiencia. Una experiencia, que para algunos dura años sin alcanzar la plenitud de estar vivos. Hoy convenceré a todos mis sentidos que no importa el tiempo, solo la intensidad de los momentos más felices. En solitario o junto a otros semejantes.
Tras batir repetidamente las alas me poso en una de las mayores colonias de este campo. Son semejantes, diferentes. Hay colores inimaginables... Azules tormentosos, amarillos cálidos, rojos pasión, lilas aliviantes, verdes infinitos, negros profundos y blancos que recuerdan al nacimiento. Toda una gama de posibilidades abierta ante mi, insectos con las mismas costumbres. Diferentes procedencias, distintos destinos.
Revoloteo de aquí para allá en un intento de acercarme a hablar. Río con unos, lloro de la emoción con otros... Me estremezco con algunas de las historias de los más viejos, los que consiguieron alcanzar la plenitud en tan solo un día de vida. Nos viene determinado el tiempo, pero somos nosotros quienes decidimos como vivirlo. Siempre tenemos la elección, la oportunidad de guiar a nuestro destino.
Al final del día soy una de las más ancestrales mariposas, mientras unos nacen yo me encuentro en mi lecho de muerte. Un mullido conjunto de hojas verdes y pétalos florales. Rodeada de algunos que me acompañaron a lo largo de mi día como insecto.
Noto como la luz de la vida se apaga. Poco a poco. Sin dejar de hablar a los más jóvenes de lo que me sucedió a lo largo de veinticuatro horas. Intentado aportar algo para que su corta vida sea plena. Cada minuto un poco más felices, más sabios... Y con más capacidad para disfrutar sin hacer sufrir a los que les acompañen.
De pronto despierto. La fresca brisa susurra entre las ramas que el día acaba. El sol se esconde tras los montes. La hierba se vuelve un poco más oscura a cada minuto. He de irme a casa, todavía queda hacer la cena.
Sabiendo que hoy he vivido una nueva escena. Desde otra perspectiva, desde otra altura. Con un transcurrir del tiempo totalmente distinto.
Glo.
lunes, 16 de mayo de 2011
Sin llamar.
Hoy me he sentido feliz recordando la tarde de mi cumpleaños entre risas. Las comidas de la universidad que, después de mucho molestarnos, nos han unido aún más. Las pocas tardes de primavera tiradas en el césped hablando y riendo (también echando pestes de los profesores) con un cerveza o tinto de verano en la mano. Y también las muchas tardes y noches de invierno, viendo películas o diciendo chorradas varias que he pasado en muy buena compañía.
En fin, que la alegría y la felicidad no llaman antes de poder pasar, sino que invaden nuestra vida. Y cuando vuelves la vista hacia atrás te das cuenta realmente de lo afortunada que eres.
Glo.
sábado, 7 de mayo de 2011
Nubes negras
Nublada como el día que asoma por la ventana.
Negros recuerdos persiguen mi memoria.
Pensar no es una opción cuando la vida es transitoria.
¿Vivir? A caso este viaje no conduce a morir.
¿Morir? No sin antes haber disfrutado de un día como hoy:
NUBLADO.
Glo.
lunes, 18 de abril de 2011
Silencio
jueves, 24 de febrero de 2011
¡Grito respeto!
¿Cómo tratamos de no ofender o dañar a los demás si los primeros a quienes no respetamos, somos a nosotros mismos?
Esta idea me viene persiguiendo durante toda la semana y necesitaba compartirla con aquellos que quieran escuchar. Con las personas que aún tengan integridad ideológica y la lleven a la práctica en el día a día.
Este texto ha surgido a raíz de la desconsideración que tienen mis propios compañeros de carrera, personas que por propio interés prefieren "colarse" en los grupos de prácticas que no les han asignado. No es que sea defensora de las normas pero creo que solo se deberían desobedecer aquellas que atenten contra la libertad y el respeto hacia los otros. No así, desobedecerlas para ser irrespetuosos con nuestros iguales, con nuestros compañeros de clase.
Trato de hacer ver que si se organizan grupos de prácticas de unas quince o veinte personas con un único profesor, a aquellos que no les venga bien quedarse otro día se "cuelen" a los horarios que les convenga para no tener que quedarse más tardes en la universidad. ¡yo también quiero más tiempo libre!¡Pero no por ello voy a perjudicar a los que tengan las prácticas ese día!.
Porque si hacemos las cuentas y a ese grupo de veinte personas se les suman otras doce, son demasiados alumnos para que un único profesor resuelva las dudas de todos.
Lo que vengo a concluir, es que no importa que cambies las prácticas con otro compañero si ambos salen beneficiados y el número de alumnos por práctica no aumenta. No es solidario, por el contrario, que se perjudique a los compañeros por ser damasiados, pudiendo no haber suficiente material para aquellos a los que sí les correspodía ese horario.
Un compañero de clase hablando con él, citó textualmene: "Porque no me apetece quedarme otras dos horas por la tarde esta semana, ya tenemos suficiente con la práctica de campo del viernes. Y además todo el mundo lo hace, si tanto te molesta hazlo tú también". No comprenden que sería mejor que nos ayudáramos en vez de putearnos, que no se trata del individualismo y que si los demás lo están haciendo mal, yo no seré otra de tantas.
Aunque me llamen tonta o así me consideren, no cederé ante la falta de respeto. No dejaré llevarme por la masa como un borrego más.
Prefiero mantener mis principios y ser la única, a traicionar a mi propia persona. ¿Porque sino somos justos estre nosotros, quién lo hará?
Glo.
sábado, 29 de enero de 2011
La huída
Mis botas marrones chapoteaban en una mezcla de barro y asfalto. Todo era un árido y congelado mar de incertidumbre.
No sabía dónde esconderme de todas aquellas críticas, de las palabras y susurros incisivos de todos.
Me seguían persiguiendo, nunca pararían. Ya había intentado huir otras veces. Siempre sin éxito.
Caminaba velozmente por las calles. Doblaba las esquinas una tras otras, evitando cruzarme con cualquiera.
No podía soportarles más. Habían arruinado mi vida y no parecían complacidos.
Calle. Calle. Charco. Alcantarilla. Árbol. Rama. Hoja. Charco. Reflejo. Barro. Plaza. Calle. Esquina. Calle. Calle. Esquina.
Empezaba a ser enfermizo, incluso mareante. Noté como el frío y húmedo suelo crujía mis huesos.
Tendida boca arriba comprendí que había tocado fondo. No trataba de resultar resbaladiza para los demás, sino para mi misma.
Era yo mi propio cazador, mi propia sombra. Mi juez, la víctima.
Glo.
domingo, 9 de enero de 2011
La última despedida.
Estaba todo vacío, sin vida.
Sin rastro presente de que la hubiera habido.
No habría más relojes dictando la hora.
El tiempo se había parado.
Ya no quedaba nada en este mundo.
Nada que pudiera retenerme.
Se había terminado.
Esto, como tantas otras cosas.
Quedó suspendido un suspiro entre las hojas.
Una despedida.
Un abrazo.
Gesto, que nunca sería olvidado.
Glo.
martes, 21 de diciembre de 2010
Todavía
Unas raíces hundidas.
Una vida resentida.
Pensé que no quedaba nada.
Ni luces, ni sombras.
Pero al otro lado.
En la almohada.
Tu respiración.
Todavía era acompasada.
Glo.
lunes, 29 de noviembre de 2010
Algo blanco.
Comienzan a caer cristalitos de agua, congelados, móviles por el viento.
Alguno de mis deseos parece caer con ellos en suave sintonía, sin ser oídos.
Susurran a los cabellos que no debieron despertar esta mañana.
Auguran un futuro próximo, aunque no tan claro como la cegadora blancura.
Paralizada por el paso del resbaladizo tiempo invernal.
Hielo agrietado bajo mis pasos, derretido por el calor de los transeúntes.
Sal y agua se convierten en una, evitando caídas inesperadas.
Nada, ni el frío, ni las inclemencias atmosféricas consiguen parar este ritmo frenético.
Solo se percibe una inmensa luz, una sensación de gelidez.
Un día teñido de algodón blanco.
Glo.
miércoles, 17 de noviembre de 2010
Recortes
Echando la vista atrás veo pasar frente a mi un millón de imágenes con mucho significado. Momentos con aquellos que sé que jamás volveré a ver. Amigos que se fueron distanciando, otros que fueron arrastrados por un oleaje de discursiones y conflictos. Otras personas que no hace mucho que están ahí pero que ves venir un futuro muy largo con ellas, o simplemente personajes que dejaron una línea difusa de huellas, una pincelada imposible de recordar con claridad.
Cuerpos y emociones que nunca volverán por motivos naturales. Por el ciclo de la vida, la renovación y la muerte.
Parece curioso que cada uno de esos recortes de mi mente esté asociado a una melodía, una canción o un suave olor. Algo mucho más tangible que nos recuerda a los que nos acompañaron durante alguna etapa. A veces creemos olvidar y nos sorprendemos cuando aparece por sorpresa el recuerdo de una tarde, una noche... Junto aquellos que hirieron o que pasaron junto a nosotros.
Todo este tiempo solo me recuerda una vez más que lo que somos no lo creamos solos, ni tampoco lo vivimos en el anonimato, siempre hay alguien, aunque parezca ser un espectro, que comparte con nosotros algún minuto de nuestra existencia. Alguien que creíamos imperceptible y que sin embargo reaparece en los momentos más adecuados.
Hoy somos parte de lo que fuimos, un proyecto futuro no más allá de lo que queramos imaginar.
Glo.
martes, 9 de noviembre de 2010
Posiblemente.
domingo, 7 de noviembre de 2010
Una mañana
Abro los ojos, despierto en mi cama, sola. Sin recordar si hay alguien conmigo en casa.
Dirijo mis pasos hacia la estrecha cocina. En la mesa se disponen un par de cubiertos, un vaso de zumo y unas tostadas humeantes, con un bote de mermelada de frambuesa a su lado.
No consigo descubrir al autor de esta obra. Recorro la casa en busca de su presencia. Nada. No hallo ni un solo rastro de vida humana o animal.
Decido sentarme a disfrutar de mi desayuno cuando la puerta se abre. Alguien entra en casa con el periódico, al instante le reconozco. Pelo castaño, ojos color miel y una sonrisa capaz de iluminar cualquier momento sombrío.
No recuerdo momentos pasados a su lado, ni cómo nos conocimos, pero sé una cosa de la que estoy segura. Es mi marido.
Me invade un alegría inexplicable, alcanzo a darle un beso y me sonríe. Se sienta conmigo en la mesa de la cocina a verme desayunar. No había querido despertarme, estaba tranquila, plácida, sin ninguna expresión de angustia o congoja en el rostro.
Unto suavemente las tostadas. Un sorbo de zumo. Un sabor dulce invade mis papilas, mermelada y pan.
Entonces abro los ojos y despierto en mi habitación.
Solo distingo un olor. Tostadas. Huele a tostadas.
Glo.
martes, 2 de noviembre de 2010
Un minuto tarde.
"No debí hacerlo, lo siento, ya sabes que más vale tarde de que nunca"
Sabía que era mejor no haber sabido más de su existencia, que todo se quedara en un recuerdo, un pasado que pocas veces volvería a revivir. Unas palabras de disculpa que solo causaban más dolor y se clavaban como cien agujas lo largo de todo mi cuerpo.
Ya era tarde. Tarde para volver a recordar toda esa desconfianza, tarde para borrar el último minuto de lo sucedido. Tarde para sus insulsas disculpas de niño arrepentido. Tarde, incluso, para perdonar. Aunque al final, ya no quedaba rencor, se quedó reducido a un sonido sordo y se acaba olvidando el motivo de tanta rabia e impotencia.Ahora me dispongo a recordar, a saber que a veces es tarde, para una disculpa, una cena, una visita, una llamada o un simple gesto de cariño.
Hace poco arendí que el tiempo escapa. No deja que le sigan, pero no dejaré escapar ninguna de las cosas que quiero por miedo a perderlas en los minutos que sigan. Seré lo suficientemente valiente para dar un salto, y coger esas esacasas oportunidades al vuelo.
No quiero volver a quedar en segunda posición con los minutos de mi reloj. Esta vez ganaré, estoy segura.
Glo.
miércoles, 20 de octubre de 2010
Un nuevo destino.
Todo había pasado súbitamente... El verano, el otoño, invierno, primavera, verano... Parecía como si hubiera entrado en un ciclo vicioso, sin poder parar, sin frenos, a punto de estrellarse en una de las curvas.
Por fin, todo encajó en el macuto. Un único bulto para un viaje sin billete de vuelta. Sólo quería desaparecer, esfumarme sin dejar rastro, sin nadie que pudiera seguirme. Huir de aquel inmenso monstruo de suciedad y pobreza gris.
Dirigí mis entumecidas piernas hacia la estación central, los humeantes vagones parecían llamar a mi encuentro. Subí sin ser vista a una maquinaria rojiza, su pintura descascarillada por el tiempo y la humedad evocaba tiempos mejores, pero eso no me detuvo.
El vagón se puso en marcha, sin importar a dónde. Había decidido un nuevo destino, un lugar desconocido que me cambiaría para siempre.
Aunque eso todavía no lo sabía por aquél entonces.
Glo.
domingo, 10 de octubre de 2010
Viento otoñal

Un suave viento del norte surca los cabellos de innumerables gentes. Susurra palabras desconocidas, sabias sílabas que esconden el secreto de nuestra tierra. Un sol descolorido, unas nubes aborregadas...
El inicio de las primeras lluvias.
El sonido de una guitarra parece brotar entre los grises edificios. La música no se ha marchado para no volver. Parece triste y desafinada, acorde con la meteorología del día. Pero se quedará hasta primavera. Su relevo llegará puntual. Antes de que se agote y con tiempo suficiente para recuperarse hasta el siguiente año.
Los gigantescos árboles se irán desnudando poco a poco. Quedarán al descubierto en invierno, sin nada con lo que arroparse. Sólo sus finas y largas ramas quedarán intactas al paso del otoño.
Glo.
miércoles, 29 de septiembre de 2010
Brillos.
Tenía los ojos llorosos y la sensación de haber estado corriendo durante horas. Se sentía extenuada.
Prefirió no ahondar en las profundidades del recuerdo, intentando ignorar lo imposible... Sabiendo que cuanto más intentara escapar de lo obvio antes le alcanzaría.
Recogió su largo pelo cobrizo en una coleta, se incorporó y trató de no pensar en nada.
Una suave melodía inundaba la habitación, y cada nota musical le recordaba lo inevitable. Todo sueño termina.
De una manera o de otra sabía que aquella situación idílica no se podría alargar durante mucho tiempo, pero en su fuero interno tenía la esperanza de no tener que preocuparse de contratiempos o situaciones agonizantes. Simplemente disfrutaba de los mejores momentos, sin pensar en el futuro, sin buscarle la imperfección a lo finito. Era feliz.
Ahora había dejado de escuchar la música para transladar todos sus sentidos a un tiempo pasado no muy lejano. Bastaba retrasar el reloj un par de meses.
Cada instante pasado estaba acompañado de una canción, una determinada sinfonía de notas musicales que describía el momento. Ahora ya solo quedaba eso: Recuerdos.
Imágenes retenidas en la retina de las vivencias.
Todo había transcurrido muy rápido, los acontecimientos habían atropellado al pasado presente. Parecía que el tiempo se detendría, que no haría falta esperar un futuro, el esperaría para nosotros. Todo fueron engaños, mentiras que te acabas creyendo.
Ahora no queda maldad, no queda odio... Ella solo guarda sentimientos de impotencia y decepción, quizás dolor por no haber abierto antes los ojos. Quizás por haber pensado que la persona amada era otra de la que demostró ser llegado el momento de enfrentarse con la realidad. El instante en el que el sueño se tornó pesadilla.
La desconfianza y la cobardía lo quebraron todo, el pasado, el presente... Aunque nunca un futuro, los segundos que aún no se han escrito y que en este instante ella escribe sobre el papel.
Fueron brillos de un pasado, recuerdos que relampaguearon en las pupilas estivales.
Glo.
viernes, 3 de septiembre de 2010
Agua.
Cada golpe es como una puñalada, un poco menos de tiempo para enfrentarse a los sentimientos.
Cada cristalina forma indica que se acerca el momento, un segundo.
Un instante que decidirá los momentos futuros de un presente algo borroso.
Un modo de afrontar lo que sucedió, una solución a los conflictos.
Intentado solucionarlo, sabiendo que, nunca se podrán evaporar los recuerdos que creamos y compartimos junto a otros.
Cada minuto muero, sin tus labios, sin más abrazos después de una dolorosa despedida.
Podría quedarme dormida, todo se difuminaría entre el sueño y la realidad, pero prefiero torturarme un poco más antes de saber cuál será la decisión final.
Noto las saladas lágrimas recorrer mi cara, sin saber cuál es el motivo exacto de tanta tristeza, alegría o añoranza...
Simplemente llego a encontrar una respuesta a todas mis preguntas, lo único de lo que estoy total y completamente segura.
Una cosa que solo tú puedes disfrutar ahora, simplemente dos palabras que hacen que todo lo demás pierda su sentido.
Solo un sentimiento, un Te Quiero.
Hoy no se acabará todo, solo hará que podramos volver a empezar.
Quizás nos esperen momentos abrumadores, en completa oscuridad y neblina.
Quizás solo esta decisión pueda empujarnos a vivir nuestro momento.
La dureza y la suavidad se vuelven a encontrar después de cada etapa, pero aprenderé de la primera y disfrutaré contigo de la segunda.
Hoy no importa nada más, sólo quiero estar aquí para cuando lo necesites, igual que sé que tú estarás ahí cuando no pueda continuar sin un cuerpo que me levante.
Solo confía en ti, en tus circunstancias, en saber que puedes superar hasta las más dolorosas heridas del amar.
Sabiendo que, te renovarás cada mañana al despertar juntos sobre la misma almohada.
Glo.
martes, 3 de agosto de 2010
Una mirada

jueves, 22 de julio de 2010
Hoy, mañana
Agua salada por las rosadas mejillas baja.
Tristeza, dolor, unidas, aliadas.
Bajo la piel, sangre y alma.
Cabizbajea la melena dorada.
Rompe el alba la tranquilidad soñada.
Figuras aterradoras, deseos añorados.
Al despertar nada.
Desaliento, rabia.
La condición humana.
Nuestra maldición.
Nuestra hermana.
Infelicidad esperando en cada esquina.
Búsqueda bajo la sombra del rosal.
Sombría soledad de la vida.
Cálida compañía.
Hoy como cualquier otro día.
Todos los días tenemos un único enemigo... El tiempo, quién nos marca los ritmos, las horas y los momentos en que podemos estar a solas. Somos prisioneros de los minutos, de cada segundo que respiramos...
Todos los días son diferentes y al mismo tiempo idénticos. Las mismas rutinas y los mismos comportamientos... Y sin embargo merece la pena seguir viviéndolos. Nunca sabes lo que te deparará mañana, aunque seguramente no te sorprenda nada.
Quiero sentir como los días se consumen, y rozan mi piel.
Quiero saber que el reloj seguirá marcando las horas tras mucho tiempo.
Glo.