jueves, 6 de octubre de 2011

Instante

Me siento en el borde de la silla y balanceo mis pies.
Veo como el humo asciende en forma de volutas irrepetibles, únicas. El cigarrillo se consume mientras veo pasar las horas en compañía del sol.
Solo hay eso soledad. Clara soledad.
¿Acaso en este mundo una persona puede sentise tan sola y estar, al mismo tiempo, tan acompañada?
Mis pies se detienen al rozar con la punta de los dedos una hierba más larga, una ramita algo más áspera que sobresale de las demás... Parece que mi mundo se ha detenido en ese instante. Solo yo y la naturaleza sentida a mi alrededor. Solo nosotros en la inmensidad de una masa gigante.

Glo.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Claridad nocturna

El viento que entra por la ventana parece la respiración de toda la urbe. Una ciudad que nunca descansa, que posee almas que vagan a todas horas entre las sombras.
Oigo el ritmo acompasado del oleaje, aunque en realidad éste se encuentre a cientos de kilómetros. Y es entonces cuando siento las cosas un instante antes de que ocurran, esa certeza de adivinar el siguiente minuto. Y la sorpresa no se anula sino que está acentuada por la premonición del instante.
A pesar de la presencia de farolas, estrellas y una luna, mi claridad no se debe a ellas, es más bien algo interno y recóndito en mi corazón, una llama de esperanza en los momentos de oscuridad y terror.
Siento que algo es diferente, sin especificar pero cambiante a cada instante. Se está haciendo paso y pretende salir a la luz, no quiere seguir más tiempo recluido.

Glo.

jueves, 7 de julio de 2011

Lo que no está escrito

Podemos estar solos, pero no nos gusta sentirnos solos.
Hace ya tiempo que una mujer de larga y brillante melena negra comenzó su búsqueda de compañía. Solo buscaba calor y algo de aprecio, una sonrisa dedicada únicamente a ella en lo que dura una nota musical suspendida en el aire.
Algo especial. Algo único, aunque no exclusivo. No quería cadenas, nada que la atase a un momento que fuera demasiado doloroso al recordarlo más tarde. Solo una noche de diversión, o un día, las horas no importaban.
Parecía que ya fijado su objetivo la suerte no la acompañaba. Comenzaba a impacientarse después de tanta espera. Quería que todo sucediese ya, ahora, en el momento presente. Qué él se presentase en mitad de la incertidumbre en su puerta. Solo, acompañado de su presencia.
Aquella hermosa mujer seguía soñando despierta. Sabía que aquello nunca sucedería, pero no iba a dejar de hacerlo por la estúpida realidad. Al menos cuando lo hacía no se sentía sola, podía sentirle a él.
Justo antes de perder toda esperanza, el timbre soñó.
Era él. Estaba mojado, fuera había tormenta. Los dos salieron a la calle. Empapados él la abrazó con fuerza y cuando sus cuerpos se estaban separando una sonrisa pícara apareció en ambos rostros. Se fundieron en un beso cálido y húmedo.
Entraron en casa.

Ella obtuvo lo que tanto tiempo añoró. Hubo risas, cosquillas y tiempo para todo lo que había imaginado. Pero lo que no tuvo en cuenta fue que después de aquello querría más, no se conformaría.
Por el momento, la cena estaba servida.


Quizás esta historia no sea real, una pincelada de romanticismo y magia en un mundo que parece perderla a cada minuto. Pero aunque el final sea ficticio, todos esperamos un final feliz. Un acabado perfecto para recordar con alegría.



Glo.

sábado, 18 de junio de 2011

Vida nocturna

Pensaba que había olvidado esta sensación, pero mi yo ha regresado.
Vuelvo a casa. Oigo conversaciones ajenas que no querrían ser escuchadas. Veo tacones desabrochados y pies descalzos. La embriaguez del alcohol y otras sustancias nos devuelven a la vida, nos demuestran su realidad.
En mi cabeza guardo historias que podrían ser y otras que jamás serán. Sentimientos que bajo efectos etílicos parecen más persistentes. Esas ganas de gritarle al mundo regresan.
Rimel corrido bajo las pestañas. Párpados caídos.
No tengo sueño. Ando bajo las farolas que iluminan la cuidad. La noche es cálida, aunque un suave viento acaricia los edificios madrileños.
Estoy sola en la calle y sin embargo me siento más acompañada que nunca. Es extraño como las sensaciones no se adecúan a las situaciones.
Sigo bajo la luz anaranjada que me alumbra el camino de vuelta, en él se cruzan sonrisas y palabras.
Ya he llegado. Introduzco la llave en la cerradura. Expongo mis experiencias más próximas sobre un papel virtual. Estoy tranquila, me empieza a embriagar el sopor. Pronto caeré en un profundo sueño. Dormiré plácidamente. Solo espero despertarme a tiempo para vivir muchas noches más.


Glo.

viernes, 3 de junio de 2011

Adrenalina

Noté todos los músculos tensos, las manos agarrotadas y los pies inertes. Sin embargo, la sangre palpitaba con gran frecuencia en todos mis miembros.
Si decidía darme por vencida caería. Nunca más podría volver a ver las caras amigas o la luz de la mañana.
Continué a pesar del dolor que sentía. No pude averiguar en ese momento si era físico o mental, o un simple recuerdo del daño que ya estaba hecho.
Moví la pierna derecha hacia arriba realizando un gran esfuerzo. Y conseguí ascender el muro realizando una acción tras otra.
Alcancé la llanura desde la que se divisaba todo el camino realizado durante años. Cada vez un poco más alta era la meta.
El trabajo y el dolor habían merecido la pena para llegar donde hoy me encuentro.
Es difícil no hacerse daño, arañarse o fracturarse huesos por elegir los caminos menos convenientes. Pero si no los hubiese descubierto, tal vez no sería la que soy hoy. Las heridas no curan todas a la misma velocidad, incluso hay algunas que siempre asoman su sombra en momentos inesperados. Son nuestros miedos a caernos, ese temor a no poder volver a escalar. La congoja potenciada por unos compañeros descuidados y traicioneros, que tiempo atrás no supieron apreciar la sincera compañía. Y que ahora solo son recuerdos, manchas borrosas que a veces se aparecen con asombrosa claridad y presteza.
Pero ésta no es la etapa final, quiero ascender por ésta vertiginosa montaña escarpada. Sola o acompañada de los que quieran hacer conmigo el camino hacia la inalcanzable cima.


Glo.

domingo, 22 de mayo de 2011

Alas

El brillo del sol en un intenso día primaveral, hace que los ojos se achinen intentando enfocar el camino por el que ando. Un incierto caminar hacia un futuro sin escribir, un pasado que nos persigue y un presente que rehuye.

Veo como una mariposa se detiene delicadamente sobre los pétalos de una rosa. Un color anaranjado en completa armonía con el rojo aterciopelado. Eleva sus alas de nuevo, emprende un suave vuelo, dejándose llevar por las corrientes de viento, guiada por su destino. Ahora soy ella. Las verdes hojas arbóreas mecidas por la brisa acarician mis alas en un suave contoneo. Entra en mí la dura realidad, solo quedan unas doce horas de vida, una cantidad finita de minutos en los que completar la experiencia. Una experiencia, que para algunos dura años sin alcanzar la plenitud de estar vivos. Hoy convenceré a todos mis sentidos que no importa el tiempo, solo la intensidad de los momentos más felices. En solitario o junto a otros semejantes.

Tras batir repetidamente las alas me poso en una de las mayores colonias de este campo. Son semejantes, diferentes. Hay colores inimaginables... Azules tormentosos, amarillos cálidos, rojos pasión, lilas aliviantes, verdes infinitos, negros profundos y blancos que recuerdan al nacimiento. Toda una gama de posibilidades abierta ante mi, insectos con las mismas costumbres. Diferentes procedencias, distintos destinos.

Revoloteo de aquí para allá en un intento de acercarme a hablar. Río con unos, lloro de la emoción con otros... Me estremezco con algunas de las historias de los más viejos, los que consiguieron alcanzar la plenitud en tan solo un día de vida. Nos viene determinado el tiempo, pero somos nosotros quienes decidimos como vivirlo. Siempre tenemos la elección, la oportunidad de guiar a nuestro destino.

Al final del día soy una de las más ancestrales mariposas, mientras unos nacen yo me encuentro en mi lecho de muerte. Un mullido conjunto de hojas verdes y pétalos florales. Rodeada de algunos que me acompañaron a lo largo de mi día como insecto.

Noto como la luz de la vida se apaga. Poco a poco. Sin dejar de hablar a los más jóvenes de lo que me sucedió a lo largo de veinticuatro horas. Intentado aportar algo para que su corta vida sea plena. Cada minuto un poco más felices, más sabios... Y con más capacidad para disfrutar sin hacer sufrir a los que les acompañen.

De pronto despierto. La fresca brisa susurra entre las ramas que el día acaba. El sol se esconde tras los montes. La hierba se vuelve un poco más oscura a cada minuto. He de irme a casa, todavía queda hacer la cena.

Sabiendo que hoy he vivido una nueva escena. Desde otra perspectiva, desde otra altura. Con un transcurrir del tiempo totalmente distinto.


Glo.

lunes, 16 de mayo de 2011

Sin llamar.

Sin avisar se presenta la felicidad. Hoy han invadido mi memoria los buenos momentos de éste curso. Las nuevas amistades que se han forjado y las antiguas que perduran a pesar de los contratiempos.
Hoy me he sentido feliz recordando la tarde de mi cumpleaños entre risas. Las comidas de la universidad que, después de mucho molestarnos, nos han unido aún más. Las pocas tardes de primavera tiradas en el césped hablando y riendo (también echando pestes de los profesores) con un cerveza o tinto de verano en la mano. Y también las muchas tardes y noches de invierno, viendo películas o diciendo chorradas varias que he pasado en muy buena compañía.

En fin, que la alegría y la felicidad no llaman antes de poder pasar, sino que invaden nuestra vida. Y cuando vuelves la vista hacia atrás te das cuenta realmente de lo afortunada que eres.

Glo.

sábado, 7 de mayo de 2011

Nubes negras

Nublada, mi mente está nublada.
Nublada como el día que asoma por la ventana.
Negros recuerdos persiguen mi memoria.
Pensar no es una opción cuando la vida es transitoria.
¿Vivir? A caso este viaje no conduce a morir.
¿Morir? No sin antes haber disfrutado de un día como hoy:
NUBLADO.


Glo.

lunes, 18 de abril de 2011

Silencio

Tanto ruido escuché que ahora estoy sorda. No logro comprender como pasó, simplemente un día ya no oía nada.

El antes imperceptible caer de las flores era música para mis oídos. Hoy no es más que un sobrecogedor silencio.

Parece como si la vida hubiera migrado. Como si hubiera cogido un tren sin retorno, en busca de lugares dónde se apreciara su sonido.

Ella solo intentaba que alguien en la gran ciudad, escuchara el canto de un pájaro anunciando el comienzo de otro día primaveral.


Glo.

jueves, 24 de febrero de 2011

¡Grito respeto!

Mi cuerpo, las palabras que salen de mi boca expresan respeto. Respeto hacia mis compañeros, hacia mi entorno, hacia mi modo de vida... Pero sobretodo hacia mi misma, hacia unos principios que desde pequeña me enseñaron.

¿Cómo tratamos de no ofender o dañar a los demás si los primeros a quienes no respetamos, somos a nosotros mismos?

Esta idea me viene persiguiendo durante toda la semana y necesitaba compartirla con aquellos que quieran escuchar. Con las personas que aún tengan integridad ideológica y la lleven a la práctica en el día a día.

Este texto ha surgido a raíz de la desconsideración que tienen mis propios compañeros de carrera, personas que por propio interés prefieren "colarse" en los grupos de prácticas que no les han asignado. No es que sea defensora de las normas pero creo que solo se deberían desobedecer aquellas que atenten contra la libertad y el respeto hacia los otros. No así, desobedecerlas para ser irrespetuosos con nuestros iguales, con nuestros compañeros de clase.

Trato de hacer ver que si se organizan grupos de prácticas de unas quince o veinte personas con un único profesor, a aquellos que no les venga bien quedarse otro día se "cuelen" a los horarios que les convenga para no tener que quedarse más tardes en la universidad. ¡yo también quiero más tiempo libre!¡Pero no por ello voy a perjudicar a los que tengan las prácticas ese día!.

Porque si hacemos las cuentas y a ese grupo de veinte personas se les suman otras doce, son demasiados alumnos para que un único profesor resuelva las dudas de todos.

Lo que vengo a concluir, es que no importa que cambies las prácticas con otro compañero si ambos salen beneficiados y el número de alumnos por práctica no aumenta. No es solidario, por el contrario, que se perjudique a los compañeros por ser damasiados, pudiendo no haber suficiente material para aquellos a los que sí les correspodía ese horario.
Un compañero de clase hablando con él, citó textualmene: "Porque no me apetece quedarme otras dos horas por la tarde esta semana, ya tenemos suficiente con la práctica de campo del viernes. Y además todo el mundo lo hace, si tanto te molesta hazlo tú también". No comprenden que sería mejor que nos ayudáramos en vez de putearnos, que no se trata del individualismo y que si los demás lo están haciendo mal, yo no seré otra de tantas.

Aunque me llamen tonta o así me consideren, no cederé ante la falta de respeto. No dejaré llevarme por la masa como un borrego más.
Prefiero mantener mis principios y ser la única, a traicionar a mi propia persona. ¿Porque sino somos justos estre nosotros, quién lo hará?

Glo.

sábado, 29 de enero de 2011

La huída

Notaba como las casas me observaban a través de sus ventanas, clavaban sus miradas en mi nuca. No podía pasar desapercibida ni un solo momento.
Mis botas marrones chapoteaban en una mezcla de barro y asfalto. Todo era un árido y congelado mar de incertidumbre.
No sabía dónde esconderme de todas aquellas críticas, de las palabras y susurros incisivos de todos.
Me seguían persiguiendo, nunca pararían. Ya había intentado huir otras veces. Siempre sin éxito.
Caminaba velozmente por las calles. Doblaba las esquinas una tras otras, evitando cruzarme con cualquiera.
No podía soportarles más. Habían arruinado mi vida y no parecían complacidos.
Calle. Calle. Charco. Alcantarilla. Árbol. Rama. Hoja. Charco. Reflejo. Barro. Plaza. Calle. Esquina. Calle. Calle. Esquina.
Empezaba a ser enfermizo, incluso mareante. Noté como el frío y húmedo suelo crujía mis huesos.
Tendida boca arriba comprendí que había tocado fondo. No trataba de resultar resbaladiza para los demás, sino para mi misma.

Era yo mi propio cazador, mi propia sombra. Mi juez, la víctima.



Glo.

domingo, 9 de enero de 2011

La última despedida.

Sentí como todo sentimiento me abandonaba.
Estaba todo vacío, sin vida.
Sin rastro presente de que la hubiera habido.

No habría más relojes dictando la hora.
El tiempo se había parado.
Ya no quedaba nada en este mundo.
Nada que pudiera retenerme.

Se había terminado.
Esto, como tantas otras cosas.

Quedó suspendido un suspiro entre las hojas.
Una despedida.

Un abrazo.
Gesto, que nunca sería olvidado.


Glo.

martes, 21 de diciembre de 2010

Todavía

Siento un puño de hielo.
Unas raíces hundidas.
Una vida resentida.

Pensé que no quedaba nada.
Ni luces, ni sombras.
Pero al otro lado.
En la almohada.
Tu respiración.
Todavía era acompasada.


Glo.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Algo blanco.

Una tormentosa borrasca se acerca, presiento el frío helando mi piel.
Comienzan a caer cristalitos de agua, congelados, móviles por el viento.
Alguno de mis deseos parece caer con ellos en suave sintonía, sin ser oídos.
Susurran a los cabellos que no debieron despertar esta mañana.
Auguran un futuro próximo, aunque no tan claro como la cegadora blancura.
Paralizada por el paso del resbaladizo tiempo invernal.
Hielo agrietado bajo mis pasos, derretido por el calor de los transeúntes.
Sal y agua se convierten en una, evitando caídas inesperadas.
Nada, ni el frío, ni las inclemencias atmosféricas consiguen parar este ritmo frenético.
Solo se percibe una inmensa luz, una sensación de gelidez.
Un día teñido de algodón blanco.


Glo.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Recortes

Hoy me he plantado delante de mi ventana. He decidido recordar todo lo que ya ha pasado.
Echando la vista atrás veo pasar frente a mi un millón de imágenes con mucho significado. Momentos con aquellos que sé que jamás volveré a ver. Amigos que se fueron distanciando, otros que fueron arrastrados por un oleaje de discursiones y conflictos. Otras personas que no hace mucho que están ahí pero que ves venir un futuro muy largo con ellas, o simplemente personajes que dejaron una línea difusa de huellas, una pincelada imposible de recordar con claridad.
Cuerpos y emociones que nunca volverán por motivos naturales. Por el ciclo de la vida, la renovación y la muerte.

Parece curioso que cada uno de esos recortes de mi mente esté asociado a una melodía, una canción o un suave olor. Algo mucho más tangible que nos recuerda a los que nos acompañaron durante alguna etapa. A veces creemos olvidar y nos sorprendemos cuando aparece por sorpresa el recuerdo de una tarde, una noche... Junto aquellos que hirieron o que pasaron junto a nosotros.

Todo este tiempo solo me recuerda una vez más que lo que somos no lo creamos solos, ni tampoco lo vivimos en el anonimato, siempre hay alguien, aunque parezca ser un espectro, que comparte con nosotros algún minuto de nuestra existencia. Alguien que creíamos imperceptible y que sin embargo reaparece en los momentos más adecuados.

Hoy somos parte de lo que fuimos, un proyecto futuro no más allá de lo que queramos imaginar.


Glo.

martes, 9 de noviembre de 2010

Posiblemente.

Un día más soñó que no despertaría.
Otra mañana envuelto en agonía, sin sollozos pero con pena.
Le invadió el pensamiento de que jamás volvería a verla.
Había podido rozar sus deseos con las yemas de los dedos, la había dejado escapar.
No pensó en el futuro, en cómo se sentiría pasado un tiempo. No pensó en la mañana siguiente.
Creía que no podría disfrutar nunca de su belleza, aquella escultura perfecta.
Una vez más se confundió. Por sus propios fantasmas, ella huyó para no volver a compartir nunca el mismo calor.
Ella decidió pasar algunas de sus mejores horas con él. De incredulidad se quedó clavado en el suelo. Sin reaccionar, sin emitir sonido alguno.
Con el tiempo suficiente para que ella tomara una decisión. Una elección que dependía de ambos.
Ahora él está solo.
Apoyado en el cabecero de su cama.
Viendo pasar el futuro olvidado por la ventana.
Glo.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Una mañana

Tostadas. Huele a tostadas. Ese aroma que se escapa de las migajas de pan, un dulzor a mermelada y zumo recién exprimido.
Abro los ojos, despierto en mi cama, sola. Sin recordar si hay alguien conmigo en casa.
Dirijo mis pasos hacia la estrecha cocina. En la mesa se disponen un par de cubiertos, un vaso de zumo y unas tostadas humeantes, con un bote de mermelada de frambuesa a su lado.
No consigo descubrir al autor de esta obra. Recorro la casa en busca de su presencia. Nada. No hallo ni un solo rastro de vida humana o animal.
Decido sentarme a disfrutar de mi desayuno cuando la puerta se abre. Alguien entra en casa con el periódico, al instante le reconozco. Pelo castaño, ojos color miel y una sonrisa capaz de iluminar cualquier momento sombrío.
No recuerdo momentos pasados a su lado, ni cómo nos conocimos, pero sé una cosa de la que estoy segura. Es mi marido.
Me invade un alegría inexplicable, alcanzo a darle un beso y me sonríe. Se sienta conmigo en la mesa de la cocina a verme desayunar. No había querido despertarme, estaba tranquila, plácida, sin ninguna expresión de angustia o congoja en el rostro.
Unto suavemente las tostadas. Un sorbo de zumo. Un sabor dulce invade mis papilas, mermelada y pan.
Entonces abro los ojos y despierto en mi habitación.
Solo distingo un olor. Tostadas. Huele a tostadas.


Glo.

martes, 2 de noviembre de 2010

Un minuto tarde.

No es cierto aquello de "nunca es tarde". Lo supe una noche de verano, cuando un denso aire flotaba en la habitación. Leí con dificultad las palabras fijas en la pantalla:

"No debí hacerlo, lo siento, ya sabes que más vale tarde de que nunca"

Sabía que era mejor no haber sabido más de su existencia, que todo se quedara en un recuerdo, un pasado que pocas veces volvería a revivir. Unas palabras de disculpa que solo causaban más dolor y se clavaban como cien agujas lo largo de todo mi cuerpo.

Ya era tarde. Tarde para volver a recordar toda esa desconfianza, tarde para borrar el último minuto de lo sucedido. Tarde para sus insulsas disculpas de niño arrepentido. Tarde, incluso, para perdonar. Aunque al final, ya no quedaba rencor, se quedó reducido a un sonido sordo y se acaba olvidando el motivo de tanta rabia e impotencia.

Ahora me dispongo a recordar, a saber que a veces es tarde, para una disculpa, una cena, una visita, una llamada o un simple gesto de cariño.

Hace poco arendí que el tiempo escapa. No deja que le sigan, pero no dejaré escapar ninguna de las cosas que quiero por miedo a perderlas en los minutos que sigan. Seré lo suficientemente valiente para dar un salto, y coger esas esacasas oportunidades al vuelo.


No quiero volver a quedar en segunda posición con los minutos de mi reloj. Esta vez ganaré, estoy segura.



Glo.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Un nuevo destino.

Rehice la maleta por quinta vez, las cosas parecían decididas a no caber en aquel reducido espacio. Me marchaba de la ciudad por tiempo indefinido, decidida a indagar sobre las gentes de unos y otros lugares. Conocer culturas. Saber un poco más de mi misma.

Todo había pasado súbitamente... El verano, el otoño, invierno, primavera, verano... Parecía como si hubiera entrado en un ciclo vicioso, sin poder parar, sin frenos, a punto de estrellarse en una de las curvas.

Por fin, todo encajó en el macuto. Un único bulto para un viaje sin billete de vuelta. Sólo quería desaparecer, esfumarme sin dejar rastro, sin nadie que pudiera seguirme. Huir de aquel inmenso monstruo de suciedad y pobreza gris.

Dirigí mis entumecidas piernas hacia la estación central, los humeantes vagones parecían llamar a mi encuentro. Subí sin ser vista a una maquinaria rojiza, su pintura descascarillada por el tiempo y la humedad evocaba tiempos mejores, pero eso no me detuvo.
El vagón se puso en marcha, sin importar a dónde. Había decidido un nuevo destino, un lugar desconocido que me cambiaría para siempre.
Aunque eso todavía no lo sabía por aquél entonces.


Glo.

domingo, 10 de octubre de 2010

Viento otoñal

Las hojas caen con suave susurro. Los mosquitos parecen dormitar en otras partes del mundo, tardarán en volver. El verano ha marchado dejando pieles bronceadas.


Un suave viento del norte surca los cabellos de innumerables gentes. Susurra palabras desconocidas, sabias sílabas que esconden el secreto de nuestra tierra. Un sol descolorido, unas nubes aborregadas...
El inicio de las primeras lluvias.


El sonido de una guitarra parece brotar entre los grises edificios. La música no se ha marchado para no volver. Parece triste y desafinada, acorde con la meteorología del día. Pero se quedará hasta primavera. Su relevo llegará puntual. Antes de que se agote y con tiempo suficiente para recuperarse hasta el siguiente año.


Los gigantescos árboles se irán desnudando poco a poco. Quedarán al descubierto en invierno, sin nada con lo que arroparse. Sólo sus finas y largas ramas quedarán intactas al paso del otoño.




Glo.